dedicado a T. Segovia
Algo debe morir cuando algo nace...
Arroyos, Besos, Canciones sin su música
Confesiones
En brazos de la noche, En las fuentes
Dicho a ciegas
Algo debe morir cuando algo nace...
El extranjero, La música, La semana sin ti
La Lluvia estival
Palabras de allá
Tan comunes
Miel, aceite
Soplos en la noche
Souvenir
Otra vez empezó eso...
Quizás un modesto desahogo
Pero cómo decirte...
Algo debe morir cuando algo nace...
Qué sabes tú...
Sé que no sabes que recuerdo tanto...
Tu carne olía ricamente a otoño
Tus ojos que no vi nunca en la vida
Y sin embargo, a veces, todavía...
Un momento estoy sola...
Y pienso en tus palabras:
“Algo debe morir cuando algo nace...”
sábado, 29 de noviembre de 2008
viernes, 21 de noviembre de 2008
viaje...
Escribo bajo el mejor de los mantos
Mil y una luces rodean mi vista…
Pero, ¿eso que importa?
Es entonces cuando me doy cuenta,
lo veo,
he navegado en una nave de tonalidades
durante todo un sueño,
como quimera de una infancia.
Ahora, veo un cuervo descender sobre el fuego
buscando algún alma desolada,
y yo me sigo moviendo.
Antes de quemarme,
mil y una luciérnagas urbanas me envuelven.
En aquel momento soy,
y veo.
Y como una obsesión
un par de miradas me dan la vida.
Veo, después, o antes
¡Que interesa!
mi pluma entre cuatro dagas amarillas
perseguirá aferrada esta ilusión,
cual cuervo en busca de la Creación.
Veo y observo, observo y veo…
A aquel conocido de la calle de Paris,
se fue cabalgando en mi unicornio;
en tanto, los cadáveres de algunos poetas
llenan mis sentidos, mis ojos.
No importa; el recorrido continúa.
Las aguas fluyen y estallan
en cascadas de personalidades.
Calidas gotas caen sobre mi rostro,
mi barca es conducida por las luciérnagas,
ahora ellas son mi visión,
mi única mirada.
Sin embargo, cruzo miradas con el sol,
me atrevo a besarlo
y el ensueño se ilumina.
Radiante, mi vista alcanza a ver
a aquellos pececillos de colores
que brincan de luz en luz.
De pronto, solo veo.
Un suspiro.
Una nube.
La Inspiración.
Ahora mi barca descansa tranquila.
Y mientras música y pintura
Se vuelven amantes de mi espíritu…
Veo arder mi cuerpo palmo a palmo…
Es entonces cuando lo comprendo,
mi única mirada no fue sincera,
verdaderamente nunca lo vi …
Es entonces cuando lo comprendo,aquel viaje había terminado.
Mil y una luces rodean mi vista…
Pero, ¿eso que importa?
Es entonces cuando me doy cuenta,
lo veo,
he navegado en una nave de tonalidades
durante todo un sueño,
como quimera de una infancia.
Ahora, veo un cuervo descender sobre el fuego
buscando algún alma desolada,
y yo me sigo moviendo.
Antes de quemarme,
mil y una luciérnagas urbanas me envuelven.
En aquel momento soy,
y veo.
Y como una obsesión
un par de miradas me dan la vida.
Veo, después, o antes
¡Que interesa!
mi pluma entre cuatro dagas amarillas
perseguirá aferrada esta ilusión,
cual cuervo en busca de la Creación.
Veo y observo, observo y veo…
A aquel conocido de la calle de Paris,
se fue cabalgando en mi unicornio;
en tanto, los cadáveres de algunos poetas
llenan mis sentidos, mis ojos.
No importa; el recorrido continúa.
Las aguas fluyen y estallan
en cascadas de personalidades.
Calidas gotas caen sobre mi rostro,
mi barca es conducida por las luciérnagas,
ahora ellas son mi visión,
mi única mirada.
Sin embargo, cruzo miradas con el sol,
me atrevo a besarlo
y el ensueño se ilumina.
Radiante, mi vista alcanza a ver
a aquellos pececillos de colores
que brincan de luz en luz.
De pronto, solo veo.
Un suspiro.
Una nube.
La Inspiración.
Ahora mi barca descansa tranquila.
Y mientras música y pintura
Se vuelven amantes de mi espíritu…
Veo arder mi cuerpo palmo a palmo…
Es entonces cuando lo comprendo,
mi única mirada no fue sincera,
verdaderamente nunca lo vi …
Es entonces cuando lo comprendo,aquel viaje había terminado.
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